Opinión

Guillermo Othir Alarcón Salazar en la Escuela Secundaria para Trabajadores Número 2

Foto de Ángel Rafael Martínez Alarcón

Por Ángel Rafael Martínez Alarcón

El 19 de octubre del presente año, en las instalaciones de la Escuela Secundaria

para Trabajadores Número 2, mejor conocida como la PT2, localizada en las

calles de Orizaba esquina con Maestros Veracruzanos, en la Unidad Habitacional

Pomona, en la ciudad de Xalapa, se dieron cita las autoridades de la Secretaría de

Educación de Veracruz, las autoridades de la Escuela Secundaria para

Trabajadores Número 2, la familia Alarcón Acosta —su viuda y su hija—,

familiares, amistades, alumnos, personal administrativo e invitados especiales.

Recibí la invitación por haber sido parte de la primera generación, en el año de

1982, para rendir homenaje al legado del maestro Guillermo O. Alarcón Salazar.

Esa tarde se reveló la placa que deja testimonio de que la PT2 llevará el nombre

del profesor Guillermo O. Alarcón Salazar (1932-2022), gracias a los

extraordinarios oficios de mis amigos, el maestro Gilberto Nieto Aguilar y el

doctor Gilberto Nieto López, quienes se dieron a la tarea de gestionar ante la

Secretaría de Educación de Veracruz que la escuela llevara el nombre del

profesor coatepecano. El pasado 14 de septiembre del año en curso, la SEV

autorizó rendirle un permanente homenaje a una larguísima trayectoria al servicio

de la educación en favor de la juventud de México.

Fue un acto de memoria, de gratitud y de compromiso: imponer el nombre del

maestro Guillermo O. Alarcón Salazar a la Secundaria para Trabajadores

Número Dos. No se trata solamente de grabar un nombre en un muro o de

descubrir una placa. Se trata de poner un nombre a una historia, a una vocación y

a una esperanza. Se trata de decir a las generaciones que vienen: aquí estudió,

aquí enseñó, aquí sirvió un maestro que creyó en la educación pública y que hizo

de su vida una lección permanente.

El evento inició con los honores a la bandera, en una tarde otoñal,el himno

nacional (1854) fue dirijido por el Prof. Rafael Ceballos Gil; con el presídium

encabezado por el Mtro. Francisco Rico Martínez, la Profa. Elvia Acosta

Santes, viuda de Alarcón, la Profra. Elda Alarcón Acosta y una infinidad de

autoridades educativas y sindicales de la región de Xalapa. El Prof. José Luis

Arizmendi Muñoz leyó la semblanza del homenajeado. La hija del Prof. Alarcón

Salazar agradeció, en nombre de la familia, el acto. El Prof. Ramiro Peña y

González, subdirector de Escuelas Secundarias Generales de la SEV, también

leyó su discurso para el emotivo acto, como representante del Gobierno de

Veracruz de Ignacio de la Llave. El alumno de tercer grado de secundaria, José

Leonardo Santos Baltazar, agradeció que a su escuela le dieran ya una

identidad. El profesor Roberto Ruiz García, en representación de sus

compañeros docentes de la PT2, intervino con una excelente pieza sobre lo que

significa la escuela. Al final se procedió a la develación de la placa.

Permítanme hacer memoria personal. Hace cuarenta y cuatro años un servidor era

alumno. Entonces no me dijeron que formaba parte de la primera generación; hoy

lo sé y lo digo con orgullo. Mis padres se conocieron como estudiantes en la

Secundaria Uno para Trabajadores. En estas aulas aprendí de maestros que

marcaron mi vida: el querido maestro Emilio Aburto González, amigo de mi

familia y vecino del centro histórico de Xalapa; el maestro Carmelo, que me dictó

Ciencias Sociales; la maestra de música Mirna Valdez, con quien los años me

han regalado una amistad; el maestro Francisco Mares, que me dio Ciencias

Naturales; el maestro Valentín, que me enseñó Matemáticas; don Emilio,

originario de Altotonga, y el tío Enrique Castellano Bello, subdirector. De mis

compañeros no recuerdo todos los nombres, pero sí a Guillermina Cendejas,

también originaria de Altotonga. Son recuerdos que hoy vuelven con claridad y

que me recuerdan que una escuela es, sobre todo, un lugar de encuentros.

Mi relación con el hoy homenajeado, el venerable maestro Guillermo O. Alarcón

Salazar, se remonta a 1985, cuando me entregó mi certificado de secundaria en

las instalaciones del Ágora de la ciudad. Entre 2009 y 2013 tuve la oportunidad de

tratarlo y de trabajar como docente de Historia en la secundaria del grupo Simón

Bolívar, en Briones. Coincidimos en varias reuniones de trabajo. Para entonces él

era ya un inspector de edad avanzada, y nuestra relación fue meramente

institucional; sin embargo, bastó para que admirara su seriedad, su conocimiento y

su firmeza de convicciones.

Hoy, al imponer su nombre a esta escuela, conviene recordar quién fue. El

maestro Guillermo O. Alarcón Salazar nació en Coatepec, Veracruz, el 13 de

abril de 1932. Fue hijo de los profesores Cástula Salazar y Juan Guillermo

Alarcón Viveros. Desde muy pequeño estuvo cerca del magisterio: fue alumno

del Jardín de Niños “Carlos A. Carrillo” y cursó la primaria en la escuela “Juan de

la Luz Enríquez”, donde su padre era director. Allí despertó su vocación. Estudió

la secundaria en la escuela nocturna para obreros por cooperación número 8, de

Coatepec, y después ingresó a la Benemérita Escuela Normal Veracruzana

“Enrique C. Rebsamen”, donde obtuvo el título de profesor de educación

primaria. Más tarde cursó la especialidad de Matemáticas en la Escuela Normal

Superior y llegó a obtener el doctorado en Pedagogía.

Su vida profesional fue una entrega constante. Trabajó en la escuela “David

Vilchis”, en la colonia Peralvillo, de la Ciudad de México; fue catedrático de

Matemáticas en la secundaria diurna número 33, en la colonia Cosmopolita; laboró

en la secundaria para trabajadores número 29, en Santa María la Ribera; impartió

Álgebra, Trigonometría plana y esférica, y Geometría analítica en la Escuela

Normal Superior de México. Fue subjefe y jefe del Departamento de Escuelas

Secundarias para Trabajadores en el País, asesor en la revisión de los libros de

texto de Matemáticas en el Consejo Nacional Técnico de la Educación, jefe del

Departamento de Educación Secundaria en Veracruz, inspector general de

escuelas secundarias foráneas, coordinador de las jefaturas de enseñanza en la

región Xalapa, director general de educación secundaria de la Secretaría de

Educación y Cultura, e inspector escolar de la zona 026 de Coatepec. Publicó el

libro “La evaluación en la escuela del futuro inmediato” y ocupó el primer lugar en

el escalafón estatal durante su vida laboral. Fue también un gestor decisivo para

que se estableciera un CBTIS en Coatepec, y recibió reconocimientos como “De

los Amigos al Amigo”, del estado de Veracruz, y el del municipio de Coatepec por

su labor educativa.

Pero más allá de los cargos, lo que hoy nos reúne es su calidad humana y su

ejemplo. El maestro Alarcón Salazar entendió que la educación no es un

privilegio, sino un derecho; que las escuelas para trabajadores no son espacios

menores, sino lugares donde se construye dignidad. Esta escuela, que lleva su

nombre desde hoy, nació para trabajadores y para sus hijos. Llevar el nombre de

quien dedicó su vida a las secundarias para trabajadores es una forma de honrar

esa misión. Es recordar que aquí se aprende para la vida, para el trabajo, para la

ciudadanía y para la esperanza.

Fue una tarde de nostalgia, como ha cambiado la ciudad. Asi tambien de

recuentros con amigos, como la primera historiadora que conocí siendo un

adolescente a la Maestra Angeles Gutierrez Valdivia. Salude Mtro.Marco

Méndez, ex director de la Facultad de Economia de la Universidad Veracruzana,

acompañado por su señora esposa Lucia Salazar, sobrina directa del

homenajado.

Contenido exclusivo de Ruta Política Digital. Reproducción no autorizada.